La semana pasada, la Revista británica de medicina deportiva (British Journal of Sports Medicine) publicó un estudio pionero realizado por un equipo de científicos de la Universidad de São Paulo, Brasil, que afirma no haber encontrado evidencia de que las atletas transgénero tengan ventajas físicas sobre las atletas cisgénero en el deporte femenino. Se trata de un metaanálisis con 52 estudios y 6,485 participantes que analizó la composición corporal y la condición física de mujeres trans y cisgénero.
La investigación titulada “Body composition and physical fitness in transgender versus cisgender individuals: a systematic review with meta-analysis” (Composición corporal y aptitud física en personas transgénero versus cisgénero: una revisión sistemática con metaanálisis) contó con la participación de ocho científicos que recopilaron y analizaron los hallazgos de alrededor de 50 estudios con un total de 6,485 personas, incluyendo 2,943 mujeres trans, 2,309 hombres trans, 568 mujeres cis y 665 hombres cis, todos con edades comprendidas entre los 14 y los 41 años.
El estudio incluyó a mujeres trans que tenían entre uno y tres años de haber iniciado la terapia de afirmación de género basada en reemplazo hormonal (TRH). Los científicos concluyeron que, aunque las mujeres trans mostraron mayor masa magra (lo que indica mayor masa muscular), no mostraron mayores capacidades físicas como fuerza o condición física aeróbica que las mujeres cis. Los investigadores también encontraron que las mujeres trans tenían mucha más grasa que los hombres cis.
Para el caso de las 2,943 mujeres trans incluidas en los estudios, no se observaron diferencias en la fuerza del tren superior o inferior del cuerpo, ni en el consumo máximo de oxígeno (que mide la aptitud cardiorrespiratoria), ni diferencias significativas en ninguna de las variables analizadas. Con base en los resultados, Bruno Gualano, médico investigador de la Universidad de São Paulo y coautor del estudio, le dijo al medio El País que las mujeres transgénero “no representan una amenaza en el deporte femenino”.
La relevancia del estudio radica en el creciente asedio y exclusión sistemática de las mujeres trans dentro del deporte femenil, aún frente a la ausencia de suficiente evidencia científica al respecto y la mínima participación de mujeres trans en competencias deportivas de alto nivel. Las posturas de exclusión, muchas veces, se basan en convicciones ideológicas, religiosas, morales o culturales más que en evidencia médica o hechos probados.
Sobre los resultados obtenidos por la investigación, Gualano también señaló: “Esto refuta la lógica detrás de las prohibiciones generalizadas a las mujeres transgénero en el deporte. La mayoría de estas políticas se basan en la suposición de que las mujeres transgénero conservan ventajas físicas inherentes y, por lo tanto, dominarían las competiciones femeninas. [Sin embargo,] los datos no respaldan esta idea”.
No obstante, Gualano también reconoció que los 52 estudios analizados tienen diferentes diseños y metodologías y, por lo tanto, el conjunto de evidencia científica en estos no es del todo concluyente y su calidad es heterogénea. El investigador añadió que la falta de investigación y de mujeres trans en competencias de élite limita la posibilidad de análisis más robustos: “No es perfecta, pero es la mejor evidencia científica disponible […] Esa brecha existe porque, para empezar, apenas hay mujeres trans compitiendo”.
Sobre las aptitudes físicas de los hombres trans en el deporte, un grupo constantemente ignorado y relegado en la discusión, el estudio también analizó su fuerza y composición corporal para evaluar posibles ventajas o desventajas biológicas. Se observó que los hombres trans tenían menos masa muscular magra que los hombres cis y menos fuerza en la parte superior del cuerpo. En estas dos variables, superaron a las mujeres cis. El resto de las variables no se pudieron comparar debido a la falta de datos.
De acuerdo con los expertos en el tema, si bien el estudio realizado en Brasil no es del todo concluyente, sí nos da una aproximación y evidencia la importancia de realizar más investigación. Hasta el momento, con los datos disponibles, no se puede afirmar que las mujeres trans tengan una ventaja biológica sobre las mujeres cis. El debate médico y científico parece inclinarse a favor de permitir la participación de la mujeres trans, pero el debate político e ideológico parece ir en la otra dirección.
Este no es el primer estudio retrospectivo que se realiza sobre el tema. En 2024, un grupo de científicos españoles analizó 14 artículos médicos sobre mujeres transgénero y deporte de competencia. Al respecto, María Miguélez González, endocrinóloga de la Unidad de Género del Hospital Gregorio Marañón en Madrid y coautora del estudio, compartió: “Concluimos que se necesitan más de dos años de terapia hormonal pospuberal para lograr una reducción significativa de los efectos de las hormonas masculinas en diversos parámetros fisiológicos.”
El estudio realizado en España concluyó que se precisan estudios a más largo plazo, con más variables que permitan comparar el rendimiento deportivo en las distintas disciplinas entre mujeres trans y cisgénero. Al igual que en 2024, la recomendación de loso expertos en 2026 es el aumento de la investigación sobre las trayectorias fisiológicas entre atletas trans con diversas características demográficas y clínicas. Esto es esencial para desarrollar marcos equitativos que equilibren la justicia, la inclusión y el rigor científico.
Sin embargo, uno de los mayores retos para analizar el desempaño de atletas trans es su poca participación en deportes de élite y en grupos organizados. Esto se evidencia en el caso de países con cifras al respecto como Estados Unidos. Charlie Baker, presidente de la Asociación Nacional de Atletismo Universitario de Estados Unidos, la principal organización que regula y organiza los deportes universitarios, declaró en una entrevista en 2025 que menos de 10 atletas transgénero competían bajo su organismo rector, que agrupa a más de medio millón de atletas.
En cuanto a los Juegos Olímpicos, solo una mujer trans, Laurel Hubbard, ha participado en la categoría femenil en la historia de las competencias. Laurel no obtuvo ninguna medalla y, tras una intensa campaña de acoso mediático, se retiró de las competencias después de los Olímpicos. Muy probablemente no solo sea la primera, sino también la última mujer trans en participar en los Olímpicos debido a las presiones políticas internacionales por excluirlas.
El Comité Olímpico Internacional ha anunciado su intención de restablecer las pruebas genéticas, abandonadas hace más de 30 años, para excluir a las mujeres transgénero de los Juegos Olímpicos. Hasta ahora, se había seguido una política abierta que permitía a las federaciones individuales establecer sus propias normas y se excluía a quienes superaban un umbral determinado de testosterona natural considerado como aceptable. Estas pruebas, sin embargo, amenazan con excluir de las competencias a personas intersexuales nacidas con cromosomas XXY, X0 u otras variantes.
Gualano también instó a analizar el debate en un contexto más amplio, con fundamentos más sólidos y teniendo en cuenta la exclusión y la violencia que enfrenta la comunidad trans: “El hecho de que las personas trans hayan sido excluidas del deporte durante siglos no significa que deban seguir siéndolo […] La buena evidencia científica no dicta valores, pero podría guiar cómo los aplicamos. [Por ello], creemos que el debate debe guiarse por valores fundamentales del deporte, como la equidad, la inclusión y la dignidad humana, en lugar de prohibiciones generalizadas”.
