La semana pasada, Variety dio a conocer que Romeo Beckham haría su debut como actor en la película de romance gay centrada en jugadores de beisbol “Forty Love”. Como en otros casos similares, la noticia provocó descontento en redes sociales y críticas relacionadas con el nepotismo y la selección de actores heterosexuales para interpretar a personajes queer. Si bien este no es un debate nuevo, es relevante entender cómo la discusión han evolucionado a lo largo de los años.
Durante décadas, el debate sobre si los actores heterosexuales deberían interpretar roles LGBTQ+ ha sido uno de los más complejos en el mundo del cine y la televisión. Desde sus inicios, han existido opiniones opuestas que son al mismo tiempo válidas y dignas de análisis. Las principales posturas se pueden sintetizar entre quienes defienden la libertad de interpretación absoluta y quienes abogan por una mayor inclusión y justicia laboral para los actores LGBTQ+ dentro de la industria.
Las personas que defienden la libertad de interpretación absoluta basan su postura en la idea de que la actuación es la disciplina artística donde una persona utiliza su cuerpo, voz y emociones para encarnar y dar vida a un personaje. En consecuencia, el trabajo del actor es justamente proyectar la imagen de alguien que no es y, con ello, transmitir una narrativa. En este sentido, para obtener un papel, sería más importante el talento de un actor que su contexto de vida, su ideología o sus preferencias sexuales.
En cambio, las razones de quienes piden priorizar a actores LGBTQ+ en roles queer son más diversas y han evolucionado con el paso del tiempo. Hace tres décadas la discusión se centraba casi exclusivamente en la credibilidad de las interpretaciones. Tanto el público como algunos cineastas LGBTQ+ criticaban la poca asertividad de los actores heterosexuales para proyectar en la pantalla las experiencias y conflictos de las poblaciones LGBTQ+ y, con ello, no solo caían en representaciones inexactas, si no que, algunas veces, incluso afectaban la imagen del colectivo.
En la actualidad, sin dejar de esperar una representación auténtica, el foco del debate está mucho más centrado en la equidad laboral y el acceso a las oportunidades en una industria donde los actores LGBTQ+ han enfrentado históricamente discriminación. La discusión ya no solo se trata solo de qué personaje aparece en la pantalla, sino también de quién consigue el empleo. Esta postura actual no sostiene necesariamente que un actor heterosexual sea incapaz de interpretar un personaje queer; su argumento es que el problema no artístico sino es estructural.
Uno de los ejemplos más evidentes sobre estas desigualdades es el de la industria de Hollywood. Durante gran parte del siglo XX, Hollywood evitó contratar a actores abiertamente LGBTQ+ por temor a afectar su imagen y éxito comercial. En consecuencia, mientras los actores abiertamente LGBTQ+ perdían oportunidades laborales por prejuicios de la industria, muchos actores heterosexuales construyeron prestigiosas carreras interpretando personajes LGBTQ+ y fueron premiados por ello. Además, a diferencia de los actores LGBTQ+, los actores heterosexuales siempre podían regresar a protagonizar papeles heterosexuales y continuar sus carreras.
Esta situación ha sido confirmada por testimonios de distintos actores de Hollywood que han compartido que, al inicio de sus carreras, les aconsejaron no hacer pública su orientación sexual para evitar dañar o arruinar sus carreras. También han señalado que se les negaron papeles por su orientación sexual. Uno de los casos más conocidos es el de Matt Bomer, quien declaró en 2024 que le negaron el papel de Superman para una película de 2003 por rumores sobre su sexualidad cuando él todavía no había hecho pública su orientación.
Aunque el panorama ha cambiado un poco recientemente, la apertura ha beneficiado solo a algunos actores gais con un atractivo físico normativo y sobresaliente. El caso más destacado es el de Jonathan Bailey, quién se convirtió en el actor más taquillero de 2025 con sus interpretaciones de dos personajes heterosexuales: Fiyero Tigelaar, en la película “The Wicked: For Good”, y el doctor Henry Loomis, en la cinta “Jurassic World Rebirth”. Sin embargo, este caso de éxito no aplica para la mayoría de los actores gais, ni para las demás identidades del colectivo.
Un argumento más en la discusión es la poca proporción y constante cancelación de las producciones LGBTQ+ que se realizan actualmente. Si existen pocos papeles LGBTQ+ y éstos también recaen sistemáticamente en actores heterosexuales, los intérpretes queer continúan teniendo menos oportunidades profesionales. A esto se suma que la exclusión laboral también limita la exposición de actores LGBTQ+ que, a través de la visibilidad mediática, podrían obtener un reflector y micrófono para realizar alguna forma de activismo.
Ante la popularización de esta segunda postura, recientemente se ha añadido al debate el argumento de que demandar que los personajes queer sean interpretados por actores LGBTQ+ atenta contra la privacidad y que, además, es imposible evaluar quién es más o menos queer y, por lo tanto, más o menos apto para un papel. Esta narrativa cobró fuerza tras el caso mediático de Kit Connor, quien declaró públicamente su bisexualidad en 2022 a través de Twitter, después de recibir presión en redes sociales por interpretar un personaje bisexual.
Aunque la investigación sigue siendo escasa, algunos estudios académicos se han planteado estas preguntas. Uno de los estudios más recientes es el del investigador australiano Rob Cover. Basado en entrevistas con profesionales del cine y la televisión, la investigación concluyó que muchos profesionales apoyan una mayor presencia de intérpretes LGBTQ+, pero también reconocen las dificultades prácticas y éticas de convertir la orientación sexual en un criterio de contratación.
En este escenario, el debate pertinente tal vez no sea si un actor heterosexual puede o no interpretar un papel queer, sino por qué los actores abiertamente LGBTQ+ siguen teniendo menos oportunidades que sus pares heterosexuales y cómo reducir esta discriminación estructural. A pesar de la creciente inclusión de actores gais cisgénero en grandes producciones, como el caso de Jonathan Bailey, esta no es la realidad para todas las poblaciones del colectivo. Probablemente, si los actores LGBTQ+ tuvieran igualdad de oportunidades en la industria, el debate ni siquiera tendría cabida.
