Este 8 de marzo recordamos que atacar a un grupo de mujeres amenaza a todas las mujeres 

El 8 de marzo se conmemora el día internacional de la mujer. Fue reconocido como tal por la ONU en 1977 con el objetivo de visibilizar las desigualdades de género, luchar para reivindicar los derechos de las mujeres y reconocerlas como artífices de la historia. Tiene sus orígenes en movimientos obreros de mujeres de principios del siglo XX que buscaban igualdad de derechos civiles, laborales y políticos. 

Desde sus inicios, el 8 de marzo ha servido como un día de reflexión y lucha para los movimientos feministas y aquellos que buscan garantizar la igualdad, la justicia, la libertad, la paz y la autonomía de las mujeres. En muchos países, este día es uno organización de eventos de rendición de cuentas, impulso a proyectos que benefician a las mujeres y manifestaciones que reclaman derechos, justicia y libertad. Indiscutiblemente, la lucha feminista ha logrado avanzar en derechos y libertades en las últimas décadas. 

Sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer para lograr la igualdad de condiciones entre personas de distinto género en temas como las condiciones laborales, la seguridad y el derecho a decidir sobre el propio cuerpo. El panorama se torna aún más complejo si consideramos las divisiones dentro de los grupos de género como es el caso de algunos grupos de mujeres organizadas y feministas que deciden conscientemente excluir a las mujeres trans de su lucha por los derechos. 

La exclusión de las mujeres trans en la lucha por los derechos de las mujeres es una retórica peligrosa. Lo es por varias razones que exploramos a continuación con base en literatura feminista reciente. La primera y más importante es que los derechos de las personas trans no disminuyen en absoluto los derechos de las mujeres. De hecho, apoyar los derechos de las personas trans es esencial para proteger a todas las mujeres de la violencia y la discriminación. 

En todo el mundo, existen movimientos de feministas radicales trans excluyentes y grupos de activismo conservadores que intentan definir la inclusión trans como un ataque a las mujeres. Este discurso es una falacia que, además, exhibe transfobia y discriminación. Muchas de estas posturas tienen el deseo fundamental de reforzar una binariedad de género colonial y excluir a las personas trans y de género diverso de las protecciones y acceso a los derechos humanos. 

El discurso que busca excluir a las mujeres trans de los derechos de las mujeres, limitar su acceso a los espacios femeninos e incluso negar su existencia, ha mostrado también tener impactos negativos para las mujeres cis. De acuerdo con la organización estadounidense “American Civil Liberties Union”, la separación o fiscalización de género obliga a las mujeres cis a adherirse a una feminidad rígida y tradicional que resulta en acoso, intimidación y exclusión para quienes se consideran demasiado masculinas y refuerza los estereotipos patriarcales que someten a las mujeres cis. 

La segunda razón es que las luchas por los derechos de las mujeres cis y trans son interseccionales. Aunque las personas trans también luchan todos los días contra la transfobia, ambos movimientos luchan contra la misoginia, el sexismo y el clasismo, que en la mayoría de los contextos son sistemas de opresión interconectados. En regiones como Latinoamérica, donde se encuentran algunas de las cifras de feminicidios y transfeminicidios más altas del mundo, la violencia física y sexual se suma a las luchas compartidas. 

Brasil y México tienen las cifras de transfeminicidios más altas del mundo. Si tomamos el caso de México para ampliar el argumento encontramos que, de acuerdo con las cifras de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno de México, en el país se asesinaron a 7 mujeres al día durante todo el 2025. Para el caso de las mujeres trans no existen registros en los datos oficiales, pero algunas organizaciones independientes recopilan información al respecto. De acuerdo con la organización CAIT, entre el 2017 y el 2021 se asesinaron a un total de 53 mujeres trans al año. Si consideramos que en México la población trans total es de menos del 1% de la población total, la cifra es igualmente alarmante. 

Una tercera razón se basa en la solidaridad y sororidad frente al esencialismo. Este argumento rechaza la idea de que la condición femenina se define únicamente por el sexo biológico, reproductivo o natal y considera el género como una experiencia compleja, social y personal. De esta forma, se desmontan estereotipos que enmarcan a las mujeres bajos una estética específica, roles sociales y de género específicos y el nacimiento con genitales determinados. 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *