Este domingo 12 de abril, el partido Tisza, liderado por Péter Magyar, ganó las elecciones a primer ministro de Hungría con una ventaja aplastante, poniendo fin al gobierno de 16 años de Viktor Orbán. Magyar obtuvo el 52.79% de los votos, frente al 38.75% de Orbán, del partido conservador Fidesz. Tres horas después del cierre de las urnas, Orbán reconoció su derrota tras lo que describió como un resultado electoral “doloroso pero inequívoco”.
Con el 98,74% de los votos escrutados, se proyectaba que el partido de centro derecha, Tisza, había ganado 138 de los 199 escaños del parlamento húngaro, lo que le otorgaba una supermayoría capaz de modificar la constitución y leyes clave. Fidesz obtuvo 55 escaños, mientras que el partido de extrema derecha Mi Hazánk consiguió seis. Esto sugería que podrían revertir algunos de los cambios implementados por Orbán y Fidesz, y potencialmente desbloquear fondos de la Unión Europea (EU).
El resultado de esta elección probablemente modificará la relación con la Casa Blanca y redefinirá la relación del país con la UE. En campaña, Magyar, político proeuropeo de 45 años, prometió reparar la tensa relación de Hungría con la UE, combatir la corrupción y destinar fondos a servicios públicos largamente desatendidos, afirmó que los votantes de Tisza habían reescrito la historia de Hungría.
En un discurso ante decenas de miles de seguidores eufóricos que se habían congregado a orillas del Danubio para celebrar, Magyar señaló: “¡Compatriotas húngaros, lo hemos logrado! Esta noche, la verdad triunfó sobre las mentiras. Hoy ganamos porque los húngaros no preguntaron qué podía hacer su patria por ellos, sino qué podían hacer ellos por su patria. Ustedes encontraron la respuesta. Y la llevaron a cabo”.
Además, en su discurso de victoria, Magyar afirmó que su gobierno respetará la libertad de expresión y la elección de amar a cualquier persona sin miedo ni discriminación: “En Hungría nadie será señalado ni juzgado por ser diferente, ni por amar de forma distinta a la mayoría”. Este discurso proyecta un panorama prometedor luego de los constantes embates de Orbán hacia la comunidad LGBTQ+.
Las elecciones fueron seguidas de cerca a nivel internacional debido a que Orbán es una figura destacada de la ultraderecha global. Días antes de las elecciones, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, viajó a Budapest para mostrar su apoyo al político y Donald Trump lo respaldó repetidamente. En los últimos meses, Orbán, de 62 años, también había recibido el apoyo de líderes de derecha y ultraderecha, desde la francesa Marine Le Pen hasta la italiana Giorgia Meloni y el israelí Benjamin Netanyahu.
Por su parte, distintos líderes europeos celebraron el resultado. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, declaró: “El corazón de Europa late con más fuerza en Hungría esta noche. Un país retoma su camino europeo. La Unión se fortalece”. El primer ministro de Polonia, Donald Tusk, el presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz, también celebraron los resultados de la elección.
En las últimas semanas, la relación entre el gobierno de Orbán y la UE alcanzó niveles críticos tras el veto de Orbán a nuevas sanciones de la UE contra Rusia, así como a un préstamo adicional de 90,000 millones de euros (105,000 millones de dólares) para Ucrania. Las tensiones entre Budapest y Bruselas se intensificaron tras las acusaciones de que el gobierno de Orbán había compartido información confidencial de la UE con el gobierno de Rusia.
En Hungría, el gobierno populista de derecha aprovechó su poder para erosionar progresivamente los controles y equilibrios que limitaban su poder: reescribió las leyes electorales en su propio beneficio, puso a personas leales al frente de cerca del 80% de los medios de comunicación del país y reformó el poder judicial para poder influenciarlo. Adicionalmente, intensificó sus esfuerzos para reprimir la disidencia.
Durante su gobierno, Orbán implementó una serie de medidas restrictivas contra la población LGBTQ+. Bajo la premisa de proteger a la familia tradicional y a los menores, en 2021, el parlamento aprobó una ley que prohíbe el acceso a menores de 18 años a libros, películas y contenido cultural que mencionen la homosexualidad o la reasignación de género. Posteriormente, modificó la constitución para reconocer únicamente dos sexos biológicos, eliminando el reconocimiento legal de las personas trans y no binarias.
En 2025, el parlamento aprobó enmiendas constitucionales para prohibir eventos públicos LGBTQ+ como la Marcha del Pride en Budapest, llagando incluso a utilizar reconocimiento facial para identificar y multar a los asistentes con hasta 500 euros. Ante este intento de censura, en junio de 2025, cientos de miles de personas nacionales y de otros países salieron a las calles de Budapest para celebrar el Pride de la ciudad.
De acuerdo con la Oficina Electoral Nacional, las elecciones del domingo registraron una participación récord de casi el 80%. El resultado se debe a la enorme participación de los jóvenes. Una encuesta sugería que hasta el 65% de los votantes menores de 30 años. Estos jóvenes alcanzaron la mayoría de edad mientras el país limitaba la libertad de prensa, era acusado de ser una autocracia electoral y se convertía en el país más corrupto de la UE.
Sin embargo, los analistas advierten que el cambio probablemente será gradual. Durante los 16 años de Fidesz en el poder, el partido llenó el país con personas leales en cargos públicos, medios de comunicación y el poder judicial. En este contexto, los analistas prevén que el proceso de transición política podría ser lento y escalonado. Además, el nuevo gobierno podría enfrentar las restricciones fiscales heredadas por el gobierno anterior.
