Heartstopper y las emociones que nos produce: una muestra de autocompasión y amor propio 

Hoy es el estreno mundial de “Heartstopper Forever”, la película que pone fin a la historia de la serie “Heartstopper” después de 3 temporadas. A lo largo de más de cuatro años, hemos acompañado a sus personajes adolescentes a través de un viaje de autodescubrimiento y exploración de las relaciones amorosas y de amistad. Y, en el transcurso, hemos llorado con ellos. No porque la historia sea trágica, sino precisamente lo opuesto: lloramos por el duelo de una relación sana que nunca tuvimos. 

La historia creada por Alice Oseman presenta una relación queer adolescente sana, honesta, tierna y que se desarrolla en un contexto de respeto, validación y comprensión de quienes la rodean. Esto hace que la trama pueda parecer idealizada; no porque sea poco realista, sino porque este tipo de historias no son la norma en nuestros contextos sociales y, más aún, porque las personas LGBTQIA+ rara vez las experimentamos y rara vez nos vimos representados por estas narrativas en la pantalla. 

La razón por la que lloramos al ver producciones que generan emociones positivas ha sido abordada en la literatura desde distintas perspectivas. Desde la antropología y la psicología, se considera que las historias positivas pueden conmovernos hasta el llanto debido a nuestra empatía y la conexión natural que tenemos con otros seres humanos. Para la teoría narrativa, el llanto provine de la catarsis acumulada a lo largo de la tensión emocional acumulada en el transcurso de la producción.

Sin embargo, algunos psicólogos defienden que las producciones LGBTQIA+ en particular añaden otro elemento al análisis: la autocompasión y el duelo por las experiencias adolescentes o juveniles que nos hubiera gustado tener, pero que nunca pudieron ser. Estas emociones surgen debido a que muchas personas LGBTQIA+ crecimos experimentando rechazo, miedo y soledad y viendo que nuestras historias en la pantalla estaban generalmente marcadas por la exclusión, la vergüenza y la tragedia. 

En este sentido, las producciones con historias queer positivas o con finales felices tocan fibras emocionales muy profundas en las personas LGBTQIA+ por dos razones principales. La primera es que experimentamos un contraste emocional mayor al valorar la disparidad entre la adversidad inicial y la autorrealización final de los personajes en las historias queer porque implícitamente las asociamos con la tragedia. La segunda es que nos duele descubrir lo injusto que fue no haber podido disfrutar de un contexto similar y eso nos produce autocompasión. 

Heartstopper nos genera un tipo de tristeza que surge de la autocompasión de comprender que muchas de las cosas que nos pasaron no fueron justas y no fueron nuestra culpa, sino el resultado de un contexto que no nos enseñó a lidiar con nuestras emociones ni nos dio las herramientas para crecer emocionalmente sanos. A su vez, este descubrimiento se acompaña del duelo de saber que ese niño o adolescente que fuimos nunca va a experimentar ese tipo de relaciones. 

Paradójicamente, esta reacción se asocia con una experiencia psicológica saludable que favorece la empatía, fortalece el sentido de pertenencia y ayuda a sanar heridas emocionales. Es decir, estas lágrimas no indican ni propician el sufrimiento, sino sanidad interior y una intensa activación de los sistemas emocionales vinculados al amor, la compasión y la conexión social. 

De forma adicional a su exploración de las relaciones positivas con los personajes principales de Nick Nelson (Kit Connor) y Charlie Spring (Joe Locke), la serie ha recibido aclamación crítica por su representación cálida y positiva de la juventud LGBTQIA+. Entre los temas que aborda se encuentran la transexualidad, la identidad no binaria, los trastornos alimenticios y algunos problemas de salud mental. La serie ganó diversos premios entre los que se encuentran el premio Emmy infantil y familiar a la Mejor serie para adolescentes, el premio GLAAD Media a la Mejor programación infantil y familiar, así como premios BAFTA, MTV Movie & TV Awards.

Si bien la saga de las tres temporadas de la serie y la película pudiera parecer utópica, poco realista y fantasiosa para algunos, es una historia muy recomendable como un ejercicio de educación sobre las relaciones personales y la salud mental. Heartstopper nos muestra de manera muy delicada la forma en la que funciona una relación sana, donde existe comunicación, comprensión, responsabilidad afectiva, cuidado, empatía y relaciones familiares y de amistad saludables.  

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