En los últimos días, Jens Spahn, uno de los políticos alemanes abiertamente gais más influyentes del país se ha visto envuelto en la polémica tras publicar en redes sociales el nacimiento del hijo que tuvo con su esposo, Daniel Funke, a través de un proceso de gestación subrogada realizado en Estados Unidos. La polémica surgió porque, como miembro y líder del partido conservador Unión Demócrata Cristiana (CDU), Jens ha defendido reiteradamente su postura de mantener la prohibición legal de la gestación subrogada en Alemania.
El tema ha dominado la política alemana en los últimos días y, este sábado, llevó a la renuncia de Jens como líder de la coalición CDU/CSU que actualmente lidera el congreso alemán. El anuncio llegó tras una oleada de críticas por parte de la oposición y de la sociedad civil en general. En su declaración, Jens afirmó que renunciaba debido a que su vida familiar y su labor política habían entrado en conflicto y porque su familia es lo más importante para él.
La gestación subrogada está prohibida en Alemania por la Ley de Protección del Embrión (Embryonenschutzgesetz) y la Ley de Mediación en Adopciones. Además, el partido CDU ha defendido reiteradamente su compromiso por mantener esa prohibición, argumentando que el procedimiento es contrario a los valores cristianos que el partido promueve. Esta postura basa su rechazo al procedimiento en la dignidad humana, la protección del embarazo y la oposición a la comercialización de la reproducción.
La controversia no surge únicamente porque el político conservador recurriera a una gestación subrogada en un país donde es legal, sino por la incongruencia entre los valores que su partido defiende y las acciones que realiza. Muchos críticos, incluidos miembros de su propio partido, consideran que existe una contradicción entre su respaldo público a la prohibición de la gestación subrogada en Alemania y su decisión de formar una familia mediante ese procedimiento en el extranjero ya que cuenta con los recursos para ello.
La polémica escaló rápidamente hasta convertirse en una crisis interna para el CDU. Los últimos días estuvieron llenos de presiones para que Jens renunciara y, según múltiples medios alemanes, el debate dentro del partido gira menos en torno a la legalidad de recurrir la gestación subrogada en el extranjero que a la coherencia entre su actuación personal y la posición oficial de su partido. Las fuentes oficiales disponibles no han señalado si esperan consecuencias políticas a largo plazo.
La nueva controversia ha reavivado otro asunto que lleva años persiguiendo al político que fue ministro federal de salud entre 2018 y 2021: la compra masiva de cubrebocas durante la pandemia de COVID-19. En 2020, el gobierno federal adquirió miles de millones de piezas que nunca llegaron a utilizarse y una gran parte terminó siendo destruida tras caducar. El coste para el Estado ascendió a varios miles de millones de euros. Los investigadores cuestionaron algunas decisiones de ese proceso, como contratos adjudicados y compras muy superiores a las necesidades reales.
En una declaración para los medios esta semana, Jens señaló que no esperaba que su decisión tuviera tales repercusiones: “La brecha entre mi decisión personal de tener un hijo mediante gestación subrogada y las expectativas depositadas en mí como líder del grupo parlamentario de la CDU/CSU resultó ser mayor de lo que había previsto”. Posteriormente, presentó su carta de renuncia dirigida a los legisladores en el parlamento.
En su renuncia, el político señaló que los acontecimientos recientes le habían obligado a replantearse sus prioridades. “Una cosa me ha quedado cada vez más clara en los últimos días: mi familia es lo que más me importa”, escribió. Asimismo, agradeció a los miembros del grupo parlamentario su colaboración y apoyo. Jens era una de las figuras más destacadas del CDU y durante mucho tiempo se le consideró un posible candidato a ocupar cargos más influyentes en la política alemana.
Los defensores de Jens argumentan que recurrir legalmente a una gestación subrogada en otro país pertenece al ámbito privado y no debería condicionar su carrera política. Sin embargo, este debate abre muchas preguntas que trascienden la responsabilidad social, ética, política y democrática de un legislador. Más allá del debate sobre la gestación subrogada en sí misma y siendo conscientes de que muchas parejas LGBTQIA+ recurren a procedimientos de reproducción asistida para formar una familia, el debate debería centrarse tal vez en la credibilidad de quienes defienden posturas conservadoras, pero emplean su privilegio para evadir sus consecuencias.
